UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

domingo, 30 de enero de 2011

EL ESPIRITISMO EN AMÉRICA LATINA por J AC Q U E S P E C C AT T E LAS PELÍCULAS "CHICO XAVIER" Y "NOSSO LAR" TOMADO DE:LE JOURNAL SPIRITE N° 82 OCTOBRE 2010

2010
EL ESPIRITISMO EN
AMÉRICA LATINA
por
J AC Q U E S P E C C AT T E
LAS PELÍCULAS
"CHICO XAVIER" Y "NOSSO LAR"
LA PELÍCULA “CHICO XAVIER”
La película “Chico Xavier” realizada por Daniel
Filho, relata la vida del célebre médium brasileño,
poniendo en evidencia las dificultades vinculadas
a su mediumnidad, sus actividades filantrópicas y
las consecuencias de su popularidad en Brasil. La
película, estrenada en abril de 2010, ya había tenido
tres millones de espectadores dos meses más tarde.
He aquí algunos comentarios que debemos a Milton
Medran Moreira, dirigente espírita en Porto Alegre
y ex presidente de la CEPA, (Confederación Espírita
Panamericana):
Estas dos películas estrenadas en Brasil en 2010, destacan el cumpleaños de Chico Xavier (1910-2002) que
hubiera cumplido cien años este año. Personaje culto del espiritismo brasileño, Chico Xavier es una referencia
por los textos mediúmnicos que dejó. Su impronta es de una considerable importancia en los medios espíritas
clásicos que, por nuestra parte pensamos, están demasiado teñidos de religiosidad especialmente con una cierta
influencia del catolicismo. Sobre este punto, el debate sigue intacto entre los espíritas progresistas y los espíritas
conservadores de América Latina y de otras partes. Para ilustrar las apreciaciones y controversias respecto a estas
dos películas, hemos utilizado los comentarios y críticas recogidos en el periódico Opinião, órgano de prensa del
grupo CCEPA (Centro Cultural Espírita de Porto Alegre).

Chico, el hombre

Nosotros, espíritas con formación basada
esencialmente en la vida y obra de Chico Xavier,
teníamos curiosidad por saber cómo, en dos horas de
proyección, una película resumiría el fenómeno Chico.
Con seguridad, esa fue también la preocupación
del autor, que la expresó en dos frases mostradas al
principio de la proyección: “La historia de un hombre
no cabe en una película. Lo que se puede, es ser fiel a su
trayectoria”. Y, sin duda alguna, la obra cinematográfica
logró preservar esa fidelidad. Especialmente porque,
con rara maestría, la película desmitifica al personaje
y muestra al hombre Francisco Cândido Xavier. Las
dudas e incertidumbres, las debilidades y grandezas,
traducidas en escenas como sus diálogos con el
sacerdote, o el hilarante episodio de la utilización
de una peluca, o hasta el ataque de nervios sufrido
cuando pensó que el avión en que viajaba se caía, todo
eso retrata bien al hombre Chico. Un feliz contrapunto
a la imagen del santo, comúnmente divulgada,
especialmente en el medio espírita.
Chico, la bondad
Sin ser exactamente un santo, Chico fue sin embargo
un magnífico ejemplo de bondad. Esa virtud, que
presupone humanismo, tolerancia y distancia de toda
forma de fundamentalismo, fue el mensaje central
de la película. Y por eso asisten personas de todas
las creencias, y la aplauden igualmente hombres y
mujeres que no tienen ninguna fe religiosa. Entre ellos,
algunos ateos, como se declaró el propio realizador
Daniel Filho.
Sensibilidad, bondad y humanismo no son privilegio
de los que tienen fe. Son necesidades evolutivas
inherentes al alma humana, y para cuyo pleno ejercicio,
muchas veces, la fe termina siendo un obstáculo, a
causa de las barreras impuestas.
Chico, el fenómeno
Pero hay también otro mensaje. El fenómeno espírita,
ya sea producido en un ambiente religioso, como
el que impregnó la vida de Chico Xavier, o el que
ocurre en otros medios de connotación laica, es una
provocativa invitación a la investigación científica y
un tema que merecería más apertura y reflexión por
parte de los medios de comunicación pública. Chico
Xavier fue posiblemente un fenómeno irrepetible en el
campo de la mediumnidad. Por cerca de noventa años
estuvo entre nosotros. Suscitó algunas controversias
relacionadas con la dicotomía creencia/no creencia.
Sufrió ataques de científicos arrogantes y de religiosos
intolerantes. Terminó afianzando la imagen de un
hombre caritativo y bueno. Pero se marchó sin que su
extraordinaria paranormalidad fuera adecuadamente
estudiada por la ciencia humana. Su potencial fue
relegado al terreno imponderable de lo sobrenatural.
Lástima que no haya sido examinado bajo el ángulo
de lo natural, simplemente como un hombre, tal como
lo vio la película.
Milton Medran Moreira - Extractos del periódico Opinião
(junio de 2010).

LA PELÍCULA “NOSSO LAR”
Para esta película, el realizador Wagner de Assis se
inspiró en la obra mediúmnica del mismo título,
recibida por Chico Xavier en escritura automática y
publicada en 1944. He aquí algunas indicaciones sobre
el tema de este libro:
“Cuando abre los ojos, André Luiz sabe que ya no está
vivo. Se da cuenta de que ya no pertenece al mundo de los
encarnados pues ya no siente el hambre, la sed ni el frío.
A su alrededor, una planicie sombría, desierta, tenebrosa,
marcada por gritos y seres que viven en la sombra. Las
dudas y el dolor se intensifican. ¿Cuál es su destino?
Nosso Lar nos lleva a seguir la trayectoria de un médico
en el mundo espiritual. Después de haber sufrido estas
zonas de purgación, André Luiz es llevado a la ciudad
llamada Nosso Lar. Nuevas enseñanzas y conocimientos,
aún marcados por momentos de dolor y de sufrimiento,
están en el camino de este hombre, que aprende lo que
es la vida en otra dimensión, que aspira igualmente
regresar a la Tierra para ver a su familia. Pero, cuando ve
a sus parientes, André Luiz toma conciencia de una gran
verdad: la vida continua para todo el mundo”.

Para el comentario de esta película, recurrimos de
nuevo al texto de Milton Medran Moreira publicado en
la revista brasileña Opinião de octubre de 2010.

Nosso Lar
Escribo estas líneas luego de las dos primeras semanas
de presentación de la película Nosso Lar. Un éxito de
taquilla: cerca de dos millones de brasileños ya han
visto la película. En el momento en que ustedes lean
este comentario, el número puede haberse doblado.
Los espíritas, en general, andan eufóricos. Después
del éxito de la película Chico Xavier, la producción de
Wagner de Assis está contribuyendo a hacer aún más
popular el mensaje de Emmanuel/André Luiz, base del
espiritismo cristiano que ganó millones de adeptos
en este Brasil, Corazón del Mundo y Patria del Evangelio
(¿o será de los evangélicos?). Hay una fuerte campaña
para que “Nosso Lar” sea la candidata brasileña al Oscar
como mejor película extranjera. Estoy atento a todo lo
que de ella se dice, en el medio espírita o fuera de él.

La crítica

Mi amiga Nicia Cunha la vio y no le gustó. En la
reunión de la CEPA la comentó en forma franca como
es su estilo. Le parece que la dimensión espiritual es
mostrada como “un umbral oscuro asquerosamente
mojado y con espíritus sufrientes heridos, vagando
sin rumbo”. En la colonia espiritual que da nombre a la
obra “todo el mundo meloso, con aquellas camisolas
blancas y palabras profesorales, sin argumentación
lógica”. La tónica presente, según Nicia, es la de
siempre: “Más tarde lo comprenderá todo”.
La crítica especializada, en general, ha elogiado los
efectos especiales, muy bien utilizados a la manera
hollywoodense. Pero, no han economizado críticas
sobre el carácter sensiblero de la escenografía. En la
Folha de São Paulo el crítico Gustavo Fioratti comenta
que “Retratar el mundo de los muertos con un
entorno lleno de flores, de jardines soleados y lleno de
personajes que usan trajes flotantes, es recurrir a los
viejos clisés”.
¿Camisolas o jeans?
En audio colocado en el site de Folha de São Paulo,
Fioratti dice no comprender por qué en esas colonias
espirituales descritas en las novelas y películas del
género, nunca llueve. Y lo que más le intriga, es
por qué un espíritu desencarnado tiene que andar
siempre con esas batas “en tonos pastel, que varían del
beige al lila”. Pregunta: ¿Qué tendría de malo que se
presentaran con un pantalón vaquero bien cortado o
una mini falda?
Claro que no se puede culpar de eso al cineasta o al
autor de las novelas de Globo. Es así como las obras
espíritas describen sistemática e invariablemente al
mundo espiritual. Allí cabe una importante reflexión
espírita: en el fondo, la idea de la inmortalidad
que el espiritismo pregona, modelada por obras
mediúmnicas de los años 40, poco se aparta del
estereotipo cielo/infierno/purgatorio del catolicismo.
Estereotipos
Nosso Lar; Brasil, Corazón del mundo y Patria del
Evangelio, y tantas otras obras mediúmnicas que han
modelado el espiritismo brasileño, pueden no pasar
de ser simples creaciones de sus autores espirituales.
¿O estará prohibido hacer ficción en la espiritualidad?
Aun cuando el famoso libro de André Luiz, retrate un
lugar real, una colonia situada en el espacio espiritual
de Río de Janeiro, ¿por qué deberíamos tomarlo como
una realidad universal? En el mundo material, también
hay comunidades religiosas donde sus habitantes
andan con batas, largas camisolas, sotanas o hábitos. Y
no por eso la Tierra es un gran monasterio o un inmenso
Valle del Amanecer. Nos corresponde a nosotros, los
espíritas, derribar esos estereotipos. Objetivo en la
formación de nuestros médiums, comprometidos en
una concepción laica, humanista y universalista de
la realidad espiritual. Cuando eso sea posible, han de
emerger, sí, en profusión, colonias espirituales donde
sus habitantes vistan jeans bien cortados y minifaldas.
Y no por eso dejarán de dar su contribución ética a la
humanidad encarnada.
Extractos del periódico Opinião (Octubre 2010)

EMMANUEL SWEDEMBORG MODERNO PRECURSOR DEL ESPIRITISMO POR: JEAN GIANGRASSO TOMADO DE: LE JOURNAL SPIRITE N° 76 ABRIL 2009



En Le Journal Spirite N°64 del segundo trimestre de 2006, repasábamos una primera descripción de la vida de Emmanuel Swedenborg así como su rol en el espiritismo. Volvemos hoy sobre su personalidad para profundizar su papel como precursor moderno del espiritismo.
Emmanuel Swedenborg fue un político, literato, filósofo y científico así como un gran viajero, un erudito que hablaba quince idiomas. Pero fue también un hombre muy competente que trabajó sin descanso en múltiples dominios: inspector de minas, ingeniero, hidráulico y metalúrgico, director de revistas científicas, geólogo, químico, físico y cristalógrafo, astrónomo y cosmólogo, anatomista y fisiólogo, economista, financiero y miembro activo del Parlamento.
Con más de un centenar de libros en su haber, el escritor legó a la Academia Real de Ciencias de Suecia, de la que fue miembro, un conjunto de documentos que representa más de 20.000 páginas. Desde 2005, la “Colección Emmanuel Swedenborg”, ha sido incluida por la UNESCO en la “Lista Memoria del mundo”, que enumera los documentos del patrimonio documental de interés universal, para asegurar su protección.
Es de hacer notar, sin embargo, que detrás de este gran fresco de actividades humanas se perfila un hilo conductor: la búsqueda de una verdad, la del alma y la de Dios.
A la edad de ochenta y un años, le escribió a su amigo el doctor Beyer cómo se interrogaba cuando todavía no era más que un niño y cuáles eran ya sus convicciones:
“… Entre mi cuarto y mi décimo año, mi pensamiento estaba preocupado por Dios, la felicidad eterna y los sufrimientos morales del hombre. Desde mi sexto a mi decimosegundo año, mi mayor placer era conversar con los eclesiásticos sobre la fe. Les hice a menudo esta observación, que la benevolencia o la caridad es la vida de la fe y que esta benevolencia no es otra cosa que el amor al prójimo”. 

Swedenborg, el visionario 

Durante los primeros veintisiete años de su vida, nuestro sabio se ocupó sobre todo de literatura, poesía y filosofía. Al final de este período, se dedicó a lo largo de un nuevo período de veintisiete años a múltiples actividades de orden científico que le valieron una reputación en el ámbito europeo, sin embargo la búsqueda espiritual se hizo más concreta y cuando se entregó a las investigaciones de anatomía y fisiología en el cuerpo humano, su objetivo no era esencialmente científico. A partir de sus excepcionales cualidades de hombre de ciencia, Swedenborg trató de descubrir al creador escudriñando la creación:
“Me sigo ocupando de esta anatomía, con el único fin de escudriñar el alma. Sería feliz, si mis trabajos pudieran ser de alguna utilidad para el mundo médico, pero mi satisfacción sería aún más grande, si suministro
algunas luces a los que se ocupan de investigaciones
sobre el alma”. (Regnum animale séptima parte)
El mundo de la época se caracterizaba por un auge de la investigación científica cuyo futuro a la vista es el más vivo ejemplo. Esa oleada racional marcó un momento crucial en un período en el que el género humano llegó a utilizar mejor su razón que en la Edad Media para abordar las grandes cuestiones de la existencia. La huella de Swedenborg se caracteriza por una transición entre una verdad revelada de manera profética y un enfoque razonado de realidades científicas que abren camino a un nuevo conocimiento filosófico por medio del testimonio.
Fue a los 57 años cuando Emmanuel vivió su primera
revelación espírita, en la cual vio“claramente a un
hombre en medio de una luz viva y radiante”.
“… La noche siguiente, el mismo hombre, radiante de luz, se presentó nuevamente delante de mí y me dijo: ‘Soy Dios, el Señor, creador y redentor: te he elegido para explicar a los hombres el sentido interior y espiritual de la Sagrada Escritura; te dictaré lo que debes escribir’.”
Así, como lo precisa Matter, uno de sus principales biógrafos del siglo XIX, (1) “En todas partes Swedenborg nos dice en sus obras: ‘He aquí lo que el Señor me ha revelado’.” Igual que Moisés, Buda, Mahoma y Jesús, que emiten palabras que se desean de origen divino, o al menos así se creía en la época, Swedenborg se ubica como un mensajero de Dios. No hay entonces diferencias notables entre estos profetas que anuncian a la humanidad una verdad revelada.

Pero en la continuación de su testimonio, puede leerse:
“… y por todas partes encontré a muchas personas conocidas, algunas muertas hacía mucho tiempo, otras desde hacía poco. Desde aquel día, renuncié a todas las ocupaciones mundanas para no trabajar sino en las cosas espirituales, para ajustarme a la orden que había recibido. Después me ocurría con frecuencia tener los ojos de mi espíritu abiertos, y ver en pleno día lo que pasaba en el otro mundo, hablar con los ángeles y con los espíritus como hablo con los hombres”.
Si bien a veces los ángeles y los espíritus son accesibles a la vista del vidente sin que se sepa todavía si los considera como entidades aparte de la creación, es evidente, sin embargo, que afirma reconocer a muchas personas fallecidas que conocía. A continuación, múltiples anécdotas vendrían a apuntalar estos juicios gracias a revelaciones que dieron credibilidad a sus afirmaciones.
En el caso del finiquito de la Sra. de Marteville, viuda del embajador de Holanda en Estocolmo, un orfebre llamado Croon exigía sin razón el pago de 25.000 florines holandeses, suma importante, por un servicio de platería adquirido por su esposo. Emmanuel se comunicó con el marido difunto quien le indicó donde estaba escondida la prueba del pago efectuado algunos meses antes de su muerte.
Durante una entrevista, Luisa-Ulrica, Reina de Suecia,
le planteó a nuestro médium el reto de hacerle
una pregunta a su difunto hermano, el Príncipe Augusto-Guillermo, respecto a una conversación que ambos habían tenido. Algunas semanas más tarde, Swedenborg pidió entrevistarse en secreto con la Reina y le reveló la respuesta de su hermano encontrado en el más allá. La reina estuvo a punto de desmayarse y dijo las siguientes palabras a las personas que acudieron: “Lo que me acaba de decir, sólo Dios y mi hermano podían saberlo”.
Comenzaba pues a dibujarse una nueva ley de la naturaleza referente a la existencia de una conciencia que perdura después de la muerte. Esta verdad ya no es entonces una revelación que es preciso aceptar por la sola autoridad autoproclamada de una persona, sino un fenómeno observable y apreciable por la razón. Ya que los espíritus daban informaciones sobre su vida que solamente los difuntos conocían, había que rendirse a la evidencia. Y además, como el fenómeno se reproducía, menos era posible considerar una extraordinaria coincidencia o una hábil superchería. A los que le pedían milagros al vidente, éste respondía: “El señor es como un padre que instruye a sus hijos de cierta manera en su niñez, y de otra, cuando han alcanzado la edad de la razón”.
Familiarizado por el contacto con esta realidad, Emmanuel puede escuchar entonces las almas que se dirigen a él en toda clase de situaciones. Estas observaciones constituirán un testimonio propio para extraer principios en cuanto a las leyes que rigen la vida de los espíritus después de la muerte. A partir de los textos de Jean Prieur (2), que vulgarizó una parte del pensamiento de Emmanuel Swedenborg, se pueden dar ejemplos de leyes fundamentales que se han extraído de la observación de los espíritus:
Sobre la conservación de la personalidad después de la
muerte:
“Cuando el hombre pasa de este mundo al mundo de los espíritus, es como si pasara de un lugar a otro. Se lleva consigo su mente, de manera que después de la muerte, que afecta únicamente a su organismo terrenal, no ha perdido la menor facultad. Se lleva con él su memoria natural, ya que retiene todo lo que en el mundo ha oído, visto, leído, aprendido y pensado desde la primera infancia hasta el último suspiro”.
Sobre el reagrupamiento de las almas por afinidades en
el más allá:
“En el mundo de los espíritus todos los que han sido amigos o se han conocido en la vida del cuerpo se reúnen y conversan entre ellos”. “Después de la muerte cada uno viene a la sociedad de los suyos, es decir de los que están en un amor semejante. Los busca como parientes y amigos; y lo que es asombroso, cuando viene hacia ellos y los ve, les habla como si los hubiera conocido desde la niñez. Es el resultado de la afinidad y de la amistad espiritual”.

Sobre la turbación que puede sobrevenir después de la muerte, a causa, por ejemplo, de creencias erróneas sobre la vida después de la vida:
“He charlado con Polhem mientras lo enterraban. Le expliqué que acababa de morir, pero se negó a creerme, ¡el incorregible ateo! Más tarde, lo volví a ver con frecuencia, después de la muerte no era más que un sabio desorientado…” 

Swedenborg y Allan Kardec 

Sin embargo, solo viviendo y observando este fenómeno, era muy difícil para nuestro teólogo hacer la clasificación entre las diversas afirmaciones que le proponían espíritus de todo orden, y evaluar la parte del inconsciente que se insinuaba a veces en sus visiones. Lo que le condujo a múltiples afirmaciones no acordes con la realidad.
Faltaba pues un enfoque más global que extrajera su consistencia de una multitud de fuentes diferentes. Ese enfoque se alcanzaría con la codificación por Allan Kardec de El Libro de los Espíritus, llevada a cabo gracias al análisis y la síntesis de una multitud de escrituras procedentes de numerosos médiums.
Después de su muerte, Emmanuel Swedenborg siguió el desarrollo de la tercera revelación. Estuvo entre los espíritus que dictaron su itinerario a Allan Kardec para la elaboración de su doctrina. En efecto, en los prolegómenos, verdadero pliego de condiciones de
El Libro de los Espíritus, se encuentra la firma de los
espíritus: SAN JUAN EVANGELISTA, SAN AGUSTÍN, SAN VICENTE DE PAUL, SAN LUIS, EL ESPÍRITU DE VERDAD, SÓCRATES, PLATÓN, FENELÓN, FRANKLIN, SWEDENBORG, etc.
En la Revue Spirite de noviembre de 1859, Allan Kardec
se expresa así sobre Emmanuel:
“… Como todos los hombres que profesan ideas que no son las de todo el mundo, sobre todo cuando esas ideas chocan con ciertos prejuicios, tuvo y tiene todavía, sus detractores. Si estos últimos se hubieran limitado a refutarlo, estaban en su derecho; pero el partidismo no respeta nada, y las más nobles cualidades no encuentran gracia ante él: Swedenborg no podía ser la excepción. Sin duda su doctrina deja mucho que desear: hoy, él mismo está lejos de aprobarla en todos sus puntos. Pero con todo lo refutable que ella sea, él no dejará de ser uno de los hombres más eminentes de su siglo”.
“… Para nosotros, se trataba de un médium vidente y un escritor intuitivo, como hay miles; facultades que entran en la condición de los fenómenos naturales… Cometió un error, muy perdonable, en vista de su inexperiencia con las cosas del mundo oculto, que fue aceptar demasiado ciegamente todo lo que le era dictado, sin someterlo al severo control de la razón. Si hubiera pesado detenidamente los pros y los contras,
hubiera reconocido principios inconciliables con una lógica aun cuando ésta fuera poco rigurosa. Hoy, probablemente no hubiera caído en la misma falta; pues hubiera tenido medios para juzgar y apreciar el valor de las comunicaciones de ultratumba; hubiera sabido que es un campo donde todas las hierbas no son buenas para recoger, y que el sentido común, que no nos ha sido dado por nada, debe saber hacer una elección entre unas y otras. La cualidad que se atribuyó el espíritu que se le manifestaba era suficiente para ponerlo en guardia, sobre todo considerando la trivialidad de su comienzo. Lo que él mismo no hizo, nos toca hacerlo ahora, no tomando de sus textos más que lo que hay de racional; sus propios errores deben ser una enseñanza para los médiums demasiado crédulos a los que ciertos espíritus tratan de fascinar halagando su vanidad o sus prejuicios con un lenguaje pomposo o apariencias engañosas”.
“La doctrina de Swedenborg tuvo numerosos prosélitos en Londres, en Holanda y hasta en París, donde dio origen a la Sociedad de la cual hablamos en nuestro número del mes de octubre, la de los Martinistas, los Teósofos, etc. Si bien no fue aceptada por todos en todas sus consecuencias, siempre tuvo como resultado propagar la creencia en la posibilidad de comunicarse con los seres de ultratumba, creencia muy antigua, como se sabe, pero hasta hoy oculta por la vulgaridad debido a las prácticas misteriosas de las que estaba rodeada. El mérito incontestable de Swedenborg, su profundo saber, su alta reputación de sabiduría han tenido un gran peso en la propagación de estas ideas que se popularizan cada vez más hoy en día, por lo mismo que crecen a plena luz, y que lejos de buscar la sombra del misterio, recurren a la razón. A pesar de sus errores de sistema, Swedenborg no es menos por ello una de las grandes figuras cuyo recuerdo quedará unido a la historia del espiritismo, del cual fue uno de los primeros y más celosos promotores”.
Emmanuel Swedenborg se comunicó en esa época a través de un médium y dialogó con Allan Kardec (Sociedad, 23 de septiembre de 1859).
Comunicación de Swedenborg prometida en la sesión
del 16 de septiembre:
“Mis buenos amigos y fieles creyentes, he deseado venir a vosotros para alentaros en el camino que seguís con tanto valor, en lo que se refiere a la cuestión espírita. Vuestro celo es apreciado por nuestro mundo de los espíritus: proseguid, pero no calléis porque los obstáculos todavía os entrabarán algún tiempo; no os faltarán detractores, más de los que no me faltaron. Hace un siglo prediqué el espiritismo y tuve enemigos de todo género; tuve también fervientes adeptos: eso mantuvo mi ánimo. Mi moral espírita y mi doctrina no dejan de tener grandes errores que hoy reconozco. Así las penas no son eternas; lo veo: Dios es demasiado
justo y demasiado bueno para castigar eternamente a la criatura que no tiene la suficiente fuerza para resistir a sus pasiones. Igualmente lo que decía del mundo de los ángeles, que se predica en los templos, no era sino una ilusión de mis sentidos: creí verlo; era de buena fe, y lo he dicho; pero me equivoqué. Vosotros estáis, vosotros en un mejor camino, pues estáis más ilustrados de lo que yo estuve en mi época. Seguid, pero sed prudentes para que vuestros enemigos no tengan armas demasiado fuertes contra vosotros. Vosotros veis el terreno que ganáis cada día; ánimo pues, ya que el porvenir os está asegurado. Lo que os da fuerza, es que habláis en nombre de la razón. ¿Tenéis preguntas que hacerme? Os responderé”. SWEDENBORG.
1. Fue en Londres, en 1745, cuando tuvisteis vuestra primera revelación; ¿la habíais deseado? ¿Os ocupabais ya de cuestiones teológicas? - R.Me
ocupaba de ello; pero no había deseado en absoluto
esa revelación: llegó espontáneamente.
2. ¿Quién era ese Espíritu que se os apareció y que
os dijo que era el mismo Dios? ¿Era realmente Dios?
- R. No; creí lo que me dijo, porque vi en él a un ser
sobrehumano, y quedé halagado por eso.
3. ¿Por qué tomó el nombre de Dios? - R. Para ser
obedecido mejor.
4. ¿Dios puede manifestarse directamente a los
hombres? - R. Podría, por supuesto, pero ya no lo hace
más.
5. ¿Entonces lo ha hecho en alguna época? - R. Sí, en
las primeras edades de la Tierra.
6. Ese Espíritu os hizo escribir cosas que hoy reconocéis
como erróneas, ¿lo hizo con buena o mala intención?
- R. No fue con mala intención; se equivocó, porque
no era lo bastante esclarecido; veo también que las ilusiones de mi propio espíritu o de mi inteligencia lo influenciaron a su pesar. Sin embargo, en medio de
algunos errores de sistema, es fácil
reconocer grandes verdades.
7. El principio de vuestra doctrina descansa en las correspondencias. ¿Creéis
siempre
en
estas
relaciones que encontrabais entre
cada cosa del mundo material y
cada cosa del mundo moral?-
R. No; es una ficción.
8. ¿Qué entendéis por estas
palabras: Dios es el hombre
mismo? - R.Dios no
es el hombre, pero es el hombre que es una imagen de Dios.
9. ¿Queréis, os lo ruego, aclarar vuestro pensamiento? - R.Digo
que el hombre es la
imagen de Dios, por cuanto la inteligencia, el genio que a veces recibe del cielo es una emanación de la omnipotencia divina: representa a Dios en la Tierra por el poder que ejerce sobre toda la naturaleza, y por las grandes virtudes que tiene el poder de adquirir.
10. ¿Debemos considerar al hombre como una parte
de Dios? - R.No, el hombre no es una parte de la
Divinidad: es sólo su imagen.
11. ¿Podríais decirnos de qué manera recibíais las comunicaciones de parte de los espíritus, y si habéis escrito lo que os ha sido revelado al estilo de nuestros médiums o por inspiración? - R. Cuando estaba en el
silencio y el recogimiento, mi espíritu estaba como encantado, en éxtasis, y veía claramente delante de mí una imagen que me hablaba y me dictaba lo que debía escribir; mi imaginación también se mezclaba algunas veces.
12. ¿Qué debemos pensar del hecho relatado por el caballero Beylon, respecto a la revelación que hicisteis a la reina Luisa-Ulrica? - R. Esa revelación es
verdadera. Beylon la ha desnaturalizado.
13. ¿Cuál es vuestra opinión sobre la doctrina espírita,
tal y como ella es hoy? - R. Os he dicho que estáis
en un camino más seguro que el mío, en vista de que vuestras luces, en general, son más amplias; yo tenía que luchar contra más ignorancia, y sobre todo contra la superstición”.
Todavía en nuestra época, el célebre médium se comunica para dar su visión del espiritismo como en este mensaje del 17 de noviembre de 2005 dado por escritura automática en el Círculo Allan Kardec de Nancy:
“El hombre vive y reencarna y en la curva de su evolución, un día se plantea la cuestión de su ontología, se hace la pregunta del por qué, del cómo. El hombre progresa poco a poco, el hombre ha llegado a un punto de mutación indispensable para el planeta que habita desde hace milenios. De esta metamorfosis, sois, vosotros los espíritas, los elementos humanos y reflexivos de la transformación, habéis regresado para vivir y aplicar la tercera revelación de un Padre que ha preferido los testimonios a las profecías. Es preciso acordarse del Padre para aprender progresivamente a comprenderlo. Mi búsqueda y mi paso sobre ese suelo, sobre ese globo, fueron dirigidos en ese sentido y he encontrado a hombres y mujeres volverse espirituales y cristianos, más allá de todas las formas denunciadas, descritas y esclerosantes”.
(1)Swedenborg, su vida, sus textos y su doctrina, Segunda
edición de 1863, París, librería académica.
(2) Las visiones de Swedenborg de Jean Prieur, 1984, Ediciones
Fernand Lanore & François Sorlo

martes, 25 de enero de 2011

ESPIRITISMO: A LA BÚSQUEDA DE UN MÉTODO FILOSÓFICO Manuel Bernal Parodi EXTRAÍDO DE: LAS PUBLICACIONES DE LA ASOCIACIÓN ESPÍRITA ANDALUZA "AMALIA DOMINGO SOLER".

ESPIRITISMO: A LA BÚSQUEDA DE UN MÉTODO FILOSÓFICO
Manuel Bernal Parodi
Varios han sido los métodos que velada u ostensiblemente se le han aplicado al Espiritismo a lo largo de su
historia, coincidiendo con la moda de cada época o con las inclinaciones filosóficas de cada cual. El propio Kardec no
fue ajeno a esta tendencia: toda su obra está impregnada de un subliminal racionalismo cartesiano. Esto no es un
reproche, sino todo lo contrario. Como buen francés, Kardec, no podía dejar de lado al gran filósofo del siglo de oro
francés, René Descartes, y su duda metódica. El Codificador tuvo que elaborar un cuerpo de doctrina prácticamente de
cero y creyó que el enfoque gnoseológico que le ofrecía la filosofía cartesiana era, para empezar, un buen método. Y lo
fue. Pero si el racionalismo cartesiano sólo se observa en la obra de Kardec implícitamente, el método por excelencia de
su época: el positivismo comtiano, por el contrario, salta a la vista. Su otro compatriota e inspirador filosófico, Auguste
Comte, desencarna el mismo año que nace el Espiritismo: 1857. Al filósofo de Montpellier sí le debe Kardec mucho de
lo aplicado en su obra. Comte, como Descartes lo hizo antes y como Husserl lo intentará hacer después, quiere construir
una filosofía estrictamente científica: para Comte es científico lo que parte de la experiencia y llega a conclusiones
verificables en la experiencia. Kardec partió de estas premisas para elaborar el triángulo que constituye la base
experimentable del Espiritismo: la inmortalidad del espíritu, la reencarnación y la mediumnidad; y, a decir verdad, le
fue muy bien. Aplicando el método experimental a elementos que hasta entonces se incluían en el terreno de lo
sobrenatural, Kardec supo extraer de ellos una teoría sin visos de preconcepción, fuera del milagrerismo teológico y la
abstracción metafísica. Esto no quiere decir que Kardec formara en las filas del positivismo, en absoluto, porque a la luz
del positivismo, que era materialista, esos tres principios espíritas serían indemostrables científicamente, sino que tomó
de este método filosófico lo que de bueno tenía para una mayor cientificidad del Espiritismo.
Otra de las características del positivismo es su tendencia al estudio sociológico, pues no considera al hombre
aisladamente, sino incardinado en una unidad social. Y el Espiritismo kardeciano, en el fondo y en la forma, así lo
juzga, pues aunque el progreso individual es innegable e irrenunciable dentro del marco kardeciano, el progreso de los
pueblos como conjunto de individualidades que se solidarizan para colaborar en el progreso universal, forma parte
inseparable del animal social que somos y, sobre todo, de la esencia espiritual de la que procedemos y que compartimos.
En esto, y en todo, el Codificador traspasa abiertamente los estrechos límites del positivismo. Kardec, por lo tanto, no
fue extraño a la realidad sociológica espiritista, y así lo manifiesta abiertamente en sus Obras póstumas –concretamente
en el capítulo «Libertad, igualdad y fraternidad»–, de cuya obra solicitó leer Porteiro algunos párrafos en el V Congreso
Espiritista Internacional de Barcelona de 1934 con la intención de fundamentar una propuesta de creación de una
sociología espiritista, solicitud que fue desestimada por el presidente del Congreso, Asmara, alegando que Kardec
estaba equivocado. Sin embargo, el Congreso, en sus conclusiones, «invita a todos los espiritistas a que, dentro de su
radio de acción, trabajen en la crítica y en la reforma de la actual organización económico-social, en busca de una mejor
distribución de la riqueza producida». Así pues, a pesar de la intransigencia de Asmara, la proposición de Porteiro no
cayó en saco roto; aunque tengo para mí que a Porteiro –que ya venía trabajando desde hacía tiempo en favor de una
sociología netamente espiritista– le importó un bledo aquella negativa de Asmara: si fue así, hizo muy requetebién.
¿Acaso un congreso, por muy internacional y espiritista que sea, es un concilio ecuménico?¿Desde cuando el progreso o
una realidad pueden estar sometidos a votación o al capricho de unos pocos? Si el avance de los pueblos dependiera de
los votos de la mayoría, estaríamos en la Edad de Piedra.
No obstante, filósofos como Hegel o Krause –sobre todo este último– están más cerca del Espiritismo que Comte.
La filosofía hegeliana se conecta remotamente con la de Heráclito y su teoría del devenir, es decir, con una concepción
puramente dinámica de los seres naturales en donde el fondo de toda realidad es un incesante devenir. Para el pensador
de Éfeso el devenir hace que los elementos se transformen unos en otros dentro de una medida y una armonía oculta
más fuerte que la manifiesta. Este es el origen filosófico remoto de concepciones posteriores evolucionistas, tanto
filosóficas como científicas, entre las que el Espiritismo se encuentra cómodamente si se le añade el elemento psíquico
o espiritual: el dinamopsiquismo de Geley. Aizpúrua observa en la sentencia kardeciana: «Nacer, morir, renacer y
progresar siempre; ésta es la ley», la máxima expresión de la ecuación dialéctica hegeliana –conectada directamente con
el devenir heraclitiano– de tesis-antítesis-síntesis, esto es: nacimiento-muerte-reencarnación, en donde el nacimiento
(tesis), completamente opuesto a la muerte (antítesis), sólo se resuelve y adquiere sentido con el renacimiento o
reencarnación (síntesis). El método dialéctico es el que adoptó el Espiritismo en el susodicho Congreso de Barcelona;
pero la dialéctica adoptada no es talmente la de Hegel, Kant, Platón o Marx, sino «una dialéctica espírita, brújula o
timón que guíe a la sociedad hacia la interpretación espiritualista de la historia». Es decir, que el Congreso no establece
un método dialéctico específico, sino que sólo se limita exponer, adaptándola al Espiritismo, la definición genérica del
término dialéctica como ‘el desarrollo de una idea mediante el encadenamiento de razonamientos o de hechos’. Una
dialéctica que Porteiro adaptó a las peculiaridades propias espíritas y que tan extraordinariamente desarrolló en su
Espiritismo dialéctico, siguiendo muy de cerca a su admirado Geley y a su obra cumbre: Del inconsciente al
consciente.
El krausismo, introducido en España a mediados del siglo XIX por Julián Sanz del Río, tuvo mucha influencia en
los intelectuales espiritistas, sobre todo en Manuel González Soriano, figura cumbre de la filosofía espiritista española.
En la obra de González Soriano no hay que leer entre líneas para deducir que el método filosófico empleado es el
krausista, porque él lo dice abiertamente en su más representativo trabajo, El Espiritismo es la filosofía: «[...] nos ha
parecido más metódico y completo el usado en el krausismo [...]». Basándose en éste, González Soriano expone su
particular método científico de investigación al que denomina mixto, que consiste en un doble método de investigación:
la investigación de las causas por el conocimiento de los efectos (método analítico) y la investigación de los efectos por
el conocimiento de las causas (método sintético). Este método –viene a decir González Soriano– tiene la ventaja de
darnos una mayor seguridad de acierto en lo investigado y la de revelarnos los posibles errores que hayamos cometido
en la aplicación de uno de esos dos métodos. La objetividad de su método queda definida en las siguientes palabras del
filósofo cartagenero: «Para que la observación o estudio de cualquier cuestión sea exacta, verdadera y lógica, el sujeto
observador debe desposeerse por completo de toda anterior creencia, de toda idea preconcebida, y marchar en línea
recta por el camino que las inducciones analíticas y las deducciones sintéticas le marquen en su investigación. Porque la
verdad no admite condiciones ni se somete a caprichos, y quien la busca debe prepararse de antemano a aceptarla tal y
como se presente, con todo su cortejo de legítimas y naturales consecuencias». Curiosamente, el krausismo es
reencarnacionista, aunque no admite la mediumnidad: imprescindible gabinete de información del Espiritismo.
Por su parte, Léon Denis sólo se limita –que ya es mucho– a describir la doctrina tal cual, sin seguir un ningún
método filosófico determinado.
Con Gustave Geley, quien define el Espiritismo como una filosofía científica, la doctrina se separa
definitivamente de ese halo místico y lacrimógeno con que algunos la envolvieron. Esta filosofía científica, dice Geley,
gira en torno a la doctrina de la evolución o, al menos, que la evolución desempeña un papel crucial en determinadas
enseñanzas del Espiritismo. Desde el punto de vista de la especulación filosófica, la filosofía geleyana entronca
directamente con Heráclito y sus seguidores y, desde el punto de vista científico, con las teorías evolutivas de Lamarck
o Darwin; aunque a todos traspasa. El principio psíquico o espiritual –la «armonía oculta» que intuía Heráclito– que
anima a la materia es para Geley la fuerza motriz de la evolución, un dinamopsiquismo independiente y superior,
esencial y único, a la materia orgánica y que contiene en sí mismo todas las potencialidades de desarrollo. El método
filosófico-científico empleado por Geley fue el que él denominó descendente (el que va de lo complejo a lo simple), el
empleado por Lamarck, aunque con ciertas diferencias. Y aunque éste es el método que emplea la filosofía pura, Geley
lo consideró el más apropiado para aplicarlo a una doctrina que participa a la vez de la filosofía y de la ciencia. Es decir,
que tiene una parte científica de la que podemos deducir conclusiones filosóficas, y otra puramente filosófica –como es,
por ejemplo, la idea de Dios– de la que sólo podemos echar mano de la filosofía.
El exagerado cientificismo de algunos grupos espiritistas los ha llevado a prescindir de principios básicos espíritas
como son la idea de Dios y la pluralidad de mundos habitados. Es cierto que a Dios no lo podemos colocar entre
matraces ni sobre la mesa de una reunión mediúmnica, y que la existencia de una «inteligencia suprema, causa primera
de todas las cosas» sólo la podemos deducir, por muy racional que aquélla sea, mediante la deducción filosófica. Pero
hoy en día, en que los científicos cada vez que descubren un nuevo principio lo subordinan a su vez a otro superior,
desconocido y con tendencia a la unicidad; ahora que intuimos con más claridad esa causa única inteligente y creadora
que está en el germen de todo lo que existe y que todo lo abarca; ahora cuando oteamos siquiera sea su lejanía y
balbuceamos con imprecisión su “correcta” definición; ahora precisamente es cuando no podemos ni debemos
abandonar esa idea de armonía, de progreso y, en definitiva, de amor.
Basándose en su venerado Geley, Manuel Porteiro esculpe magistralmente con su preciso escarpelo el cuerpo de
la filosofía espiritista. Con el filósofo argentino se consolida una filosofía netamente espiritista, sin aditamentos ni
contaminaciones religiosas, esotéricas o sincréticas. El motor de la dialéctica porteiriana es la constante acción
psicodinámica del espíritu, la cual se manifiesta materialmente mediante las diversas formas, siempre en evolución, que
va adquiriendo en sus sucesivas reencarnaciones. Pero la dialéctica espiritista de Porteiro –que tanto asustó a los
espiritistas meapilas sin saber siquiera de qué se trataba– no es un sistema creado al margen del Espiritismo, sino que
son los propios principios fundamentales espiritistas tratados a la luz del conocimiento de cada época, lo cual implica
una constante actualización de la doctrina, como le corresponde a una filosofía científica. Y con esto nos retrotraemos al
pensamiento de Kardec: el de la continua puesta al día del Espiritismo. Así pues, para Porteiro –aunque tenga
concomitancias con determinados sistemas filosóficos, ya que el Espiritismo no surge de la nada– el método espiritista
surge del propio Espiritismo. En esto coincido con Porteiro, pues buscarlo fuera de la doctrina sería como colocarle un
traje a alguien sin haberle tomado previas medidas; porque si bien los principios doctrinarios en que se basa el
Espiritismo no son nuevos –por eso quizá algunos métodos filosóficos ya conocidos se hayan adaptado, ya recogiendo
el dobladillo, ya modificando la sisa, al modelo espiritista–, sí es nueva la orientación que se le da a esos principios, y
por eso precisamente considero que el Espiritismo necesita un traje hecho a la medida.
No obstante lo dicho, aunque sin llegar al chovinismo, permítanme hacer un poco de patria. Y es que lo mismo
que el español Fernández Colavida se adelantó al francés De Rochas en la experimentación de la regresión, también el
ya mencionado español González Soriano se adelantó al francés Geley y al argentino Porteiro en lo tocante a la
exposición filosófico-científica de ese elemento motor independiente de la materia que anima a ésta en su evolución. Un
elemento motor que contiene embrionariamente infinitas posibilidades de desarrollo, como infinito es el principio
espiritual único del que procede y es solidario. «Sólo existe una esencia universal –manifestaba González Soriano en
1881–; luego una misma propiedad caracteriza a la esencia de todo lo que en el universo existe y es. Mundos, espacios,
sustancias y seres en sus múltiples manifestaciones, en sus distintos aspectos y caracteres, en sus diferentes formas, en
sus diversos modos y en sus variadas influencias y funciones, todo es producto de un mismo elemento, de una misma
esencia, de una misma propiedad, de una misma ley.
Siendo eterna la esencia universal, como en nuestro estudio sintético hemos visto, y caracterizando a la esencia
todas sus propiedades desde que es, la esencia constitutiva de la creación viene desde la eternidad realizándose en las
modificaciones que le son propias: o lo que es lo mismo, desde la eternidad viene evolucionando el germen potencial,
ya automática, ya libremente cuando se le inicia la conciencia de que es; porque, como parte solidaria del Todo, infinita
en existencia y en potencia perfectible, posee infinitamente cada orden de imperfección y tiene que irse determinando
progresivamente en todos los modos y manifestaciones que representan el infinito de grados de actividad que en su
infinita y latente potencia contiene, como obra perfecta que es de absoluta perfección, aunque como parte no llegue
infinitamente a realizarse en la perfección total, que es la Infinita perfección y que exclusivamente corresponde al
Todo, a Dios [...].
Siendo una la esencia universal, los gérmenes potenciales que la constituyen son esencialmente idénticos, y por
consecuencia todos poseen las mismas propiedades naturales: es decir, todos reconocen igual principio y se elevan a
igual fin; todos contienen la misma susceptibilidad general y los mismos medios para desarrollarla. Luego las cuatro
secciones generales características que la experiencia sensible nos determina en el mineral, el vegetal, el animal y el
hombre, con sus múltiples variantes, no son otra cosa que diferentes modos de una misma esencia adquiridos por el
desarrollo de sus propiedades; diferentes manifestaciones de la misma esencia correspondiente cada una a un distinto
grado posesivo de desenvolvimiento activo en sus naturales aptitudes y facultades; diversas determinaciones de la
esencia única que existe, representativas cada una de la especial naturaleza que ha conquistado en su perfeccionamiento
progresivo». Una exposición un poco larga es ésta, lo reconozco, pero, en virtud de su sentencioso y axiomático
lenguaje, es muy difícil resumir a González Soriano. Es admirable también cómo el cartagenero rebate la imposibilidad
del ateísmo positivista utilizando los propios principios del positivismo. Hay que leer la obra de este espiritista olvidado.
Así pues, es la dialéctica en su sentido genérico, esto es, ‘el desarrollo de una idea mediante el encadenamiento de
razonamientos o de hechos’, el método más adecuado, a mi juicio, para explicar filosóficamente el Espiritismo. Y es el
más adecuado no porque sea el que más se ajuste a su naturaleza, sino porque es el que rezuma el propio Espiritismo. La
dialéctica espírita es, pues, el método filosófico del Espiritismo, una dialéctica espírita explicada basándose en sus
principios básicos. Así de sencillo.