UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

sábado, 13 de noviembre de 2010

LOS PIONEROS DEL ESPIRITISMO par ISABELLE CHEVALIER RUFINA NOEGGERATH TOMADO DE: LE JOURNAL SPIRITE N° 81 JULLET 2010.

«Más se aprende, más se comprende cuánto hay que
aprender todavía..»

Rufina Noeggerath nació en 1821. Era de origen finlandés.
Muy conocida por los espíritas del mundo entero, es autora
de muchas obras, entre ellas La Supervivencia, su realidad,
su manifestación, su filosofía. Esta obra fue prologada así
por Camille Flammarion: “Deben aplaudirse los esfuerzos de
todos los que, como la estimable autora de este libro, tienden
a aportar nuevos documentos a la elucidación del misterio en
el que sigue envuelto nuestro destino ulterior”.
Rufina Noeggerath fue una de las numerosas figuras de la filosofía
espírita que durante 40 años participó en el estudio de la
manifestación de los espíritus en sesiones. Ella tenía un salón
donde se reunían todos los talentos, todas las cumbres de las
artes y de las letras, adeptos o cercanos del espiritismo. En ese
salón se reunían todos los miércoles. Ella ayudaba a todos los
que deseaban profundizar su pasión por las ciencias psíquicas;
inspiró a artistas y escritores. Para 1905 era la decana de los
espíritas de París. Tenía entonces 84 años y poseía toda su
lucidez y fuerza de trabajo. Su vigor intelectual representaba
“el alma del movimiento espírita de la época”. Fue a la muerte
de su marido que encontró un nuevo sentido para su vida y se
convirtió en esta experimentadora que contribuyó al desarrollo
del movimiento espírita de su tiempo, por medio de
preciosos testimonios y una gran comprensión de la mediumnidad:
“Mi primera escuela se hizo bajo la dirección de un ser
elevado del espacio. Debemos el conocimiento de su médium
al doctor Puel, conocido por sus estudios psíquicos. El “sideral”
(en esa época, ciertos investigadores y científicos llamaban
a los Espíritus: “Siderales”, “habitantes del Espacio”, “extraterrestres”)
pudo hablarnos con su voz cálida y firme; nos
indicaba los medios para obtener espléndidos fenómenos. Las
ideas grandiosas que emitía imponían respeto y nos volvían
dóciles a sus enseñanzas; también comprendíamos nuestra
falta de experiencia” (Rufina N.).
A lo largo de todos esos años, trabajó en colaboración con
sus amigos y con varios médiums cuidadosamente escogidos,
que ejercían mediumnidades de escritura automática y de
incorporación o “encarnación”, tal y como se les llamaba en
esa época: “Diversos médiums potentes fueron elegidos para
eso; los había instruidos, analfabetas, robustos y delicados;
algunos tenían el espíritu muy ponderado, otros se mostraban
mal equilibrados; en fin, los había de ambos sexos, de edades
diferentes y de diversas nacionalidades” (Rufina N.). Los
mensajes eran meticulosamente anotados en taquimecanografía
por lo cual, a veces, según la tonalidad o la cadencia
de las palabras del espíritu, la transcripción quedaba incompleta.
Todos los mensajes fueron clasificados por temas. Los
espíritus venían para dar instrucciones indispensables para la
conducta a seguir durante las sesiones mediúmnicas. Aportaban
conocimientos generales de importancia sobre asuntos
tales como el magnetismo y sus aplicaciones, el psiquismo, los
sentimientos, la fuerza del pensamiento y sus acciones, ya sea
que procedieran de los humanos o de los espíritus. Revelaban
y afinaban los conocimientos relativos a las insospechadas
facultades que posee el ser humano, permitiendo progresar
en la comprensión del fenómeno espírita.
Acompañada por hombres de ciencia o filósofos, Rufina aplicaba
rigurosamente los consejos dados por los espíritus a
los cuales se ajustaban escrupulosamente: “Para evitar toda
presión sobre la voluntad de los visitantes, no los evocábamos;
era libremente y a su hora que ellos venían a nosotros,
a menudo en el momento en que menos los esperábamos.
De resto, nuestros esfuerzos por llamar a un hermano extraterrestre
podrían ser vanos; los habitantes del espacio no
responden a las llamadas de los terrestres si no deben, si no
pueden, y se tiene el temor de no tener otros visitantes que
los seres que se burlan de nosotros”. (Rufina N.)
Fue así es como pudo recoger centenares de consejos, revelaciones,
informaciones y experimentos para, a ejemplo de
Allan Kardec cincuenta años antes, ponerlos por escrito, luego
publicarlos y legar esa herencia a los espíritas de hoy. Su libro
La Supervivencia fue editado en 1907. Tuvo la particularidad
de provenir de la voluntad de los espíritus, especialmente
del espíritu Fenelón y de dos sabios de lejanos tiempos de
la India. Entre los temas desarrollados, hay uno sobre el que
nos detendremos algunos instantes, pues revela importantes
informaciones sobre los médiums, sobre su naturaleza particular,
los escollos de la mediumnidad y sobre las condiciones
de operar para contactos de calidad. Por ejemplo, el orgullo
y la falta de reflexión del médium conllevan efectos estériles
que todavía hoy se demuestran ampliamente. En efecto,
Rufina Noeggerath relata en su libro que entre las personas
que se imaginan ser médiums de primer orden, se encuentran
quienes hacen hablar a los “Invisibles”, únicamente como los
oyen y las comunicaciones recibidas están en relación con
sus ideas personales. Hoy sabemos que el inconsciente del
médium está en el origen de esas “comunicaciones” personales.
Igualmente, los espíritas de la época fueron enfrentados
a médiums cegados por la complacencia de desencarnados
que se relacionaban exclusivamente con su médium. Así,
estos últimos que, estaban siempre con un mismo “amigo
del espacio”, se volvían ridículos por las comunicaciones
que conseguían. La armonía entre los miembros del grupo
espírita y sus médiums es el criterio esencial para permitir
comunicaciones de calidad. Como hoy en día, en el seno de
nuestra asociación, la necesidad de los Espíritus de encontrar
un medio donde haya unión es absolutamente indispensable
para su manifestación. El espíritu Fenelón precisa esto: “Una
cosa es indispensable, y es que los miembros del grupo estén
en armonía entre ellos, que se entiendan, que se visiten y
que siempre estén en excelentes términos; los Invisibles no
pueden manifestarse en un círculo si no son atraídos por una
comunión de ideas, de pensamientos, hasta de amor. Es eso lo
que llamamos armonía”. Ya sea en 1900 o en 2010, la armonía
siempre es precaria de conseguir en un grupo humano, pues los
espíritas no son diferentes de la generalidad de los mortales, y
las disensiones siempre pueden oponerlos. Sin embargo, es a
ese precio que se consiguen las mejores comunicaciones y se
forma una muralla contra los espíritus que buscan el desorden
para adueñarse, incluso obsesar al médium que trabaja.
Los espíritus docentes del grupo de Rufina Noeggerath aportaron
precisiones sobre la naturaleza de los médiums, lo que
podían sentir viviendo su mediumnidad, especialmente la
mediumnidad de incorporación, y muchos consejos fueron
dados a los espíritas de la época, consejos que hemos recibido
de nuevo un siglo más tarde, por medio de otros interlocutores
de lo invisible. Ciertas precisiones de la época corroboran
totalmente aquello de lo que somos testigos en nuestro
Círculo en el siglo XXI. Los más grandes médiums son seres
absolutamente aparte. Para atraer hacia ellos a las grandes
inteligencias del más allá, estos seres necesitan poesía, estudio
arte y filosofía, tienen una necesidad de ideal que les eleve
por encima de las contingencias materiales; esos médiums
consiguen magníficas comunicaciones filosóficas e instructivas.
El carácter de esos intermediarios sufre a veces variaciones
y desequilibrios; eso es debido al hecho de que sufren,
a causa de la flexibilidad necesaria para las más variadas
incorporaciones, la influencia del medio en que se encuentran,
de suerte que, a veces, pueden ser maniáticos, versátiles, a
veces coléricos, y las relaciones que se llevan
con ellos a veces son delicadas. En la vida son
diferentes, casi en todo, de los demás hombres.
En vista de su manera de ser, ¿esos cambios los
hacen felices? Por supuesto que no, ellos son
los primeros a sufrir por eso. Es por eso que el
rol de los que les protegen es esencial y totalmente
altruista, pues la persuasión, la dulzura y
la solicitud son para ellos fuente de equilibrio
y de consuelo. Ellos necesitan sentirse queridos
para continuar su misión, pues con frecuencia
los médiums experimentan pavor ante los
fenómenos mediúmnicos. Especialmente la
mediumnidad de incorporación es particularmente
difícil para ellos, pues mientras que los
espíritas conversan con los espíritus, el médium
está privado de la vida de su cuerpo; su alma se
encuentra en un estado anormal, del otro lado
de la vida terrenal, y eso le inquieta fuertemente,
pues para él, el fenómeno de desincorporación
es una especie de muerte. “Amad a los
médiums, apoyadles; por su intermedio, tenéis
grandes fenómenos de los cuales ellos mismos
son privados. Cuanto más les améis, más
fuerte y poderoso se volverá el círculo fluídico,
porque vuestra amistad encontrará eco en su
sensibilidad (Fenelón)”. Más de un siglo ha
transcurrido entre los mensajes de Fenelón y
las palabras de los espíritus que visitan nuestro
Círculo. Y precisamente sobre este asunto, las
palabras y las recomendaciones del espíritu
siguen siendo las mismas y se han convertido
en nuestra preocupación cotidiana.
Rufina Noeggerath trae en su libro centenares
de mensajes escogidos según su calidad
de enseñanza y tocantes a todos los temas
como la reencarnación, la sociedad, el mal y el
bien, los fluidos, los mundos, etc. Esta obra a
ejemplo de las de los otros pioneros del espiritismo
aporta una piedra preciosa a la marcha
en curso de la Tercera Revelación de Dios.
Fueron sus cualidades morales, su bondad
natural y su inagotable caridad las que le
valieron a Rufina el apodo de “Bonne Maman”.
Falleció en 1908 a la edad de 87 años. Su
sepultura es una simple losa siempre abundantemente
florida. Muy visitada, su tumba
en el cementerio del Père-Lachaise, es un
lugar de paso obligado para los espíritas del
mundo entero de visita en París. Se le debe
esta reflexión que podría ser su epitafio: “Más
se aprende, más se comprende cuánto hay que
aprender todavía”.

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