UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

martes, 22 de junio de 2010

ACTITUD DE LOS SABIOS FRENTE AL ESPIRITISMO

    La mayor parte de los hombres de ciencia que han abordado el estudio del Espiritismo han empezado por negarlo, unas veces por espíritu de sistema, y otras, por considerar sus fenómenos contrarios a la ciencia y a la razón. Una vez en el terreno de los hechos viéronse obligados a aceptarlos, con mucho escepticismo y reservas primero, contentándose con imaginar y acumular hipótesis explicativas y afirmar en la mayoría de los casos, que los fenómenos espiritistas pueden explicarse por otras hipótesis sin necesidad de recurrir a la intervención de los supuestos espíritus o almas de los difuntos. Pero es el caso que después de haberse acumulado, durante más de medio siglo (1) , las más pintorescas y extravagantes hipótesis, no sólo no se ha explicado lo que pretendía explicar, sino que esos mismos sabios, contrarios a la teoría espiritista, se vieron precisados de recurrir a ella, después de innumerables experiencias, de profundos estudios y de infructuosos esfuerzos para hallar una explicación antiespiritista de los hechos.
    Llegaron a la convicción de que sus rebuscadas hipótesis, cuando no eran arbitrarias a la naturaleza del fenómeno, eran incompletas para abarcar la variedad de los hechos; pues, aparte de los que se podían explicar--pero que aún no han recibido en contradicción con el Espiritismo, una explicación científica incontrovertible-- por las teorías fisio-psicológicas o anímicas, quedaban otros, en cantidad muy apreciable, que sólo la teoría espírita es capaz de explicar y cuando estos hechos, estas manifestaciones de inteligencias no solamente extrañas al médium y a los circunstantes, sino también seres amigos, identificaciones de personas fallecidas --cuyo recuerdo les era querido--, se presentaron a ellos con toda la evidencia de la realidad, se vieron obligados a aceptar el Espiritismo con todas sus consecuencias filosóficas y morales.
    Esta es la historia de la mayoría de los sabios que han abrazado el Espiritismo; y esta historia se repite día a día en cada uno de los científicos que se suman a sus filas, y que ya forman legión. Bastaría citar la actitud de Lombroso, que empezó, primero, por anatematizar a los espiritistas, negando hasta la posibilidad de los hechos, estudiándolos y aceptándolos luego, aplicándoles, después su famosa teoría psiquiátrica y, desencantado de ella, más tarde, ante la variedad y naturaleza de las manifestaciones supranormales, acabó por hacerse espiritista y buscar en las mismas obras de Kardec la explicación que esas manifestaciones exigían, convencido de que ninguna de las teorías anímicas era capaz por sí sola de abarcar el "compacto mosaico" de hechos registrados en los anales del Espiritismo
    Esta misma, o parecida, fue la actitud del naturalista Wallace que, imbuido de las teorías evolucionistas de Herbert Spencer y de los materialistas de su época, no había en su cerebro--según sus propias palabras--un lugar donde cupiese la idea del espíritu; pero los hechos son cosas que no se refutan, y él se jactaba de ser esclavo de los hechos y ésta, o parecida, ha sido la actitud de la mayoría de los sabios que se han convertido al Espiritismo después de sus negaciones, de sus dudas, de sus vacilaciones, de inventar hipótesis y de reprochar a los espiritistas falta de capacidad experimental, de métodos apropiados, de control y de buen criterio para apreciar los hechos; reproches que, después de su conversión, otros sabios, escépticos e incrédulos, que se creían con más pericia, les hicieron a ellos, para convertirse a su vez a la verdad espírita que negaban.
    De esta actitud adversa al Espiritismo y a los espiritistas, no pudieron escaparse ni el célebre William Crookes ni el ilustre Flammarion, a quienes tanto debe el Espiritismo. Ahí están sus obras para justificar lo que aseveramos.
El profesor Morgan escribe:

    "Cosa fácil ha sido dar explicaciones naturales (a los fenómenos espiritistas), pero han sido insuficientes, y por otra parte, existe la dificultad en admitir la hipótesis espiritual, que es la más satisfactoria".

    Estas palabras, escritas hace más de medio siglo expresa con claridad el temor que tienen los sabios a que se les llame espiritistas y, de buena gana, muchos de los que trabajan al amparo del "metapsiquismo", aceptarían públicamente el Espiritismo, si no fuese por temor al nombre.
    Si las hipótesis naturales son insuficientes para explicar los hechos, y la hipótesis espiritista es la más satisfactoria, ¿qué dificultad puede haber en proclamarla? Para el verdadero sabio ninguna; porque por encima de todos los prejuicios deben estar la ciencia y la verdad.
    Cuando pensamos en los ataques de que es objeto el Espiritismo en nombre de la ciencia y de la razón; cuando vemos a sabios de renombre, pero legos en materia de Espiritismo, negar a priori los fenómenos psíquicos supranormales, atribuyéndolos a sostificaciones y fraudes o a la alucinación; cuando vemos a otros, de no menos renombre y sabiduría, atrincherados en las teorías anímicas, haciendo exclusivismo de ellas y negando al Espiritismo su razón de ser; no podemos menos que decir: la historia se repite... los que hoy nos atacan en nombre de la ciencia y de la razón, serán mañana los que, con más ardimiento, en nombre de la ciencia y de la razón nos han de defender; así como nuestros enemigos de ayer, son hoy nuestros más decididos defensores y es por eso, también, que no dudamos que el metapsiquismo, después de sus andanzas por el mundo sabio, volverá como hijo pródigo al seno del Espiritismo, de donde salió, nutrido con su savia, mal aconsejado por el materialismo.
(1) Esta obra de Manuel S. Porteiro fue publicada originalmente en los años treinta del pasado siglo veinte. De entonces a nuestros días se han sumado a las filas del Espiritismo militante una larga pléyade de científicos y hombres de pensamiento.

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