UNA ACLARACIÓN MUY OPORTUNA

Ponemos en el conocimiento de nuestros amables lectores que todo el material que ofrecemos como posts en este blog ha sido extraído de la obra LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO, previa autorización de su autor nuestro distinguido amigo Prof. Jon Aizpurua.

No nos atreveríamos a divulgar este precioso e invaluable material doctrinario y de divulgación de la cultura espírita si no tuviésemos de antemano la autorización expresa de su autor, de lo contario incurriríamos en el plagio, actitud que nos despierta repugancia tan sólo con mencionar el término.

Hemos escogido esta obra, LOS FUNDAMENTOS DEL
ESPIRITISMO, porque estamos seguros que ella constituye la exposición más actualizada de los postulados doctrinarios expresados por el Codificador Allan Kardec, enmarcados en nuevo contexto paradigamático; el vigente en estos tiempos que corren.

En LOS FUNDAMENTOS DEL ESPIRITISMO el autor reinvidica el verdadero carácter de la Doctrina Espírita, como un sistema de pensamiento laico, racionalista, e iconoclasta, alejado de todo misticismo religioso, tal como fue codificada la Doctrina por el Maestro Allan Kardec en el siglo diecinueve.

Esta obra es eminentemente didáctica, porque está escrita en un estilo ágil y ameno, sin que por ello pierda consistencia en su brillante exposición de ideas, llegando a toda clase de público lector, desde el estudioso del Espiritismo hasta aquellas personas que se encuentran en la búsqueda de una filosofía racional que les ayude a pensar al mundo y a sí mismos.

René Dayre Abella
Nos adherimos a los postulados doctrinarios sustentados por la Confederación Espiritista Panamericana, que muestran a la Doctrina Espírita como un sistema de pensamiento filosófico laico, racionalista e iconoclasta. Alejado de todo misticismo religioso. Apoyamos la Carta de Puerto Rico, emanada del XIX Congreso de la CEPA en el pasado año 2008.

domingo, 14 de enero de 2018








GABRIEL DELANNE, APÓSTOL DEL ESPIRITISMO
 LE JOURNAL SPIRITE N° 87 JANVIER 2012

Nacer en una familia de espíritas convencidos (el 23 de marzo de 1857 en París), necesariamente deja huellas. Tal fue la suerte destinada a François-Marie-Gabriel Delanne, cuyo padre, Alexandre Delanne, que tenía con su esposa un almacén de artículos de higiene, había oído hablar de El Libro de los Espíritus en Caen, en ocasión de un viaje de negocios. Había devorado el libro, compartido luego con su cónyuge, tan entusiasmada como él. Se precipitaron enseguida en casa de Allan Kardec que rápidamente se convirtió en un amigo personal y un guía en espiritismo. La madre de Gabriel, Marie Alexandrine, se había convertido luego en médium escribiente habituada al diálogo con los espíritus. El niño también fue, por tanto, un íntimo de la familia Kardec y se favoreció, no sólo de las rodillas del maestro que lo adoraba y le traía juguetes, sino también del sentido de la pedagogía de Hyppolyte Rivail, autor de numerosos tratados de formación de jóvenes y de pedagogía. Fue en el domicilio de los Delanne, rue Saint-Denis en París, donde casi cotidianamente se daban numerosas sesiones espíritas, que se formó el joven Gabriel al contacto prestigioso de un personaje sin igual convertido en el primer apóstol del espiritismo, tanto como de sus padres, que desde la más tierna edad le inculcaron su profunda convicción en la inexistencia de la muerte y el ciclo humano de la palingenesia. Para Gabriel Delanne, el espiritismo se convirtió rápidamente en una ciencia y un apostolado. Es difícil de creer en coincidencias cuando, ante sus ojos de niño, su madre recibe un mensaje de más de una página escrita en dialecto piamontés, perfectamente comprensible para dos invitados del grupo, reunidos esa tarde en sesión espírita, entre otras, pero los únicos capaces
de comprender ese mensaje, destinado sólo a ellos. Es difícil pensar en invenciones cuando un obispo, invocado esa tarde porque había tenido fama de haberse convertido al espiritismo, responde delante de usted, siempre por el canal de la Sra. Delanne: “Su deseo de evocarme me ha conducido hacia ustedes, y estoy feliz de decirles, mis muy queridos hermanos, que sí, en la Tierra yo era espírita. Había venido con esas aspiraciones que no pude desarrollar, pero soy feliz de verlas desarrolladas por otros”, (Mensaje del Cardenal Wiseman que acababa de morir en Inglaterra, recibido en presencia de Allan Kardec.
El maestro murió cuando Gabriel tenía doce años. Una ciencia nueva se dibuja para el joven Delanne que será alimentada por realidades científicas a lo largo de su carrera universitaria. Alumno del colegio de Cluny, ciudad que se convertiría en la cuna de la Escuela de Artes y Oficios, se apasiona por todos los descubrimientos del siglo: electricidad, mecánica, transportes, etc. Es recibido en la Escuela Central de París en 1876, pero renuncia para aliviar las finanzas de sus padres y ganarse la vida por sí mismo. Rápidamente se convierte en ingeniero y ejerce por largos años en dos compañías sucesivas: Primero, en la compañía de aire comprimido y electricidad Popp, luego, después de 1892, en otra casa de aire comprimido. Este medio de subsistencia le permite vivir, pero también viajar mucho, de cliente en cliente y de ciudad en ciudad. Aprovecha pues sus desplazamientos para ejercer la gran tarea de su vida: predicar el espiritismo por todas partes donde puede. Lo que constituirá su verdadera razón de vivir es la actividad de conferenciante y promotor de círculos espíritas; el espiritismo gana progresivamente todo el hexágono. En cuanto considera posible liberarse de un trabajo con fines estrictamente alimenticios, se dedica completamente a su actividad de educador y conferenciante espírita, a riesgo de mermar seriamente sus recursos y su capacidad de vida normal. Repetidas veces indicará que para él nada más tiene importancia. Nunca buscará la holgura financiera ni los placeres humanos; la gloria y el éxito le importan poco. Su gran tarea seguirá siendo siempre la enseñanza espírita y su contribución al hecho de elevar la tercera revelación al rango de una verdadera ciencia. La realidad de los fenómenos de comunicación entre los espíritus y el mundo, la doctrina codificada por Kardec en El Libro de los Espíritus no es una simple cuestión de fe, sino que para él seguirá siendo siempre una realidad, muchas veces demostrada, de una historia humana finalmente explicable sin dogmas ni inverosimilitudes. A eso se dedicará sin indecisión y sin faltar nunca. Su fe en Jesús es también muy real, pero él lo ve como profeta, con un avance espiritual excepcional y en un mensaje inspirado de la divinidad, sin que sea Dios mismo. Sobre este punto le opondrá una controversia al espírita Jean Guérin. Delanne mantendrá que Jesús el hombre no ha podido escapar al humano destino. Su mensaje es ampliamente iconoclasta para la época y sigue siendo visionario hoy en día. La Revue Spirite dará cuenta en 1884 de esta controversia, convertida en célebre. Gabriel Delanne será toda su vida muy apegado a Dios. Se sabe, por su hija Suzanne, que le rezaba todos los días, no sería sino para que le ayudara a cumplir su misión sin fallar y sin ser demasiado perturbado por sus problemas de salud. He aquí lo que él escribe sobre Dios: “Nosotros reconocemos la existencia de una causa eficiente y directriz del Universo, es la sublime Inteligencia que mantiene la armonía del Cosmos por su voluntad todopoderosa, inmutable, infinita y eterna”. Excepto por esta actividad de misionero científico del espiritismo, se conocen muy pocas cosas de su vida íntima y personal. Sólo emerge la actividad de lectura, investigación y documentación sobre todos estos fenómenos que jalonan la historia del espiritismo, y sobre su propagación en beneficio de la mayoría. Gabriel Delanne pasa rápidamente por una enciclopedia del espiritismo. Sólo se sabe que en 1905 adoptó, por fidelidad a sus principios espíritas de solidaridad, a una pequeña niña de siete meses para darle su nombre, Suzanne Delanne, y una educación digna de ella. Ella le devolverá su amor incondicional endulzando sus últimos años con su presencia y sus cuidados. Se ocupará mucho de su cuñada, después de la muerte de su hermano Ernest y jugará el papel de cabeza de familia para todos los Delanne, caídos en la pobreza, hasta su desaparición. Un viaje en familia a Marsella, en 1918, le será casi fatal. Regresará en una silla de ruedas y deberá transigir cada vez más con la enfermedad hasta su muerte que sobrevino en la mañana del 15 de febrero de 1926. Su prima, Mathilde Peley, lo cuidó con su hija adoptiva, durante cerca de treinta años. La familia Delanne permaneció siempre muy unida por su creencia común en el espiritismo. Alexandre, el padre, y Marie, su madre aplaudirán incondicionalmente, hasta su muerte, la madre en 1894 y el padre en 1901, al militante que llegaría a ser. Fue con su padre y otros pioneros, que Gabriel Delanne (que siempre contó con el apoyo entusiasta de Amélie Boudet, la viuda de Allan Kardec, hasta la muerte de ésta), promovió la primera Unión Espírita Francesa, en diciembre de 1882. Ernest, el hermano será también un ferviente espírita, amigo de Léon Denis, quien a menudo trabajará igualmente con Gabriel y en perfecta armonía; su cuñada finalmente se hará espírita después de la muerte de su esposo, sin duda gracias a Gabriel. Jean Meyer, el empresario que puso su fortuna a disposición de la causa espírita, muy oportunamente le ofrecerá un apartamento en su villa Montmorency, en Auteuil. Terminará sus días en una relativa pobreza, pero nunca en la indigencia, gracias a sus derechos de autor. Comprobará así la realidad de una clarividencia recibida en su juventud: “Desde el punto de vista material, nunca serás rico, pero nunca carecerás de nada”. Después de la muerte de Gabriel, Léon Denis quedó desconcertado por una serie de golpecitos que se parecían mucho a un mensaje. Al enterarse algunos instantes más tarde de la muerte de Delanne, quedó persuadido de que era el espíritu de su amigo que había venido a saludarlo así. Él mismo moriría dos años más tarde.
Gabriel Delanne siempre tuvo una salud frágil, con la que debió conformarse. Una tenaz ataxia locomotora, atrofia progresiva de la médula espinal, sobre todo lumbar, le obligará a valerse de dos bastones, luego pasar a las muletas en 1906, antes por último de la silla de ruedas. Un absceso en el ojo le causará una ceguera progresiva al final de su vida. Se hará cuidar por magnetismo, por ejemplo en Lyón, con Alphonse Bouvier, célebre magnetizador de la época. Eso le permitirá soportar mejor los intolerables dolores que, sin embargo, nunca le impedirán estar en su puesto de conferencista o de militante. Solamente faltará a un congreso internacional espírita, el de 1900, donde su palabra sobre el tema de la reencarnación era esperada con impaciencia. Como si nada hubiera pasado, estará presente en el siguiente congreso, en Lieja, en 1906. Cada uno de sus textos está dedicado a una rigurosa demostración de la realidad del espiritismo. He aquí algunos fragmentos significativos de la intervención de Gabriel Delanne en el Congreso Internacional de 1889: “Hoy en día no son los pequeños y los humildes, los ignorantes, quienes se ocupan de espiritismo; es la elite de la ciencia oficial europea (evoca entonces los trabajos de célebres eruditos tales como Crookes, Flammarion, De Rochas etc.) Sin duda las academias aún no se han pronunciado, pero tenemos ejemplos de la lentitud que ellas aportan al estudio de toda cuestión un tanto controvertida. Así pues, todos sabemos que el magnetismo, rechazado por todas las academias desde hace cien años, finalmente acaba de ser acreditado… Eso debe animarnos, Señoras y Señores, para proseguir la propaganda de nuestras ideas. Digo pues que el espiritismo ha sido estudiado, y por los hombres más eminentes… No solamente se ha podido fotografiar a los espíritus… sino que hasta se ha podido lograr que el espíritu dejara impresiones de su mano en arcilla o parafina… Todo lo que pedimos, es que no se rechacen estos fenómenos de buenas a primeras bajo el pretexto de superchería”. Desgraciadamente no se dispone de la totalidad de sus libros, conferencias, artículos para revistas espíritas, dedicatorias, etc. Sin duda es esta actividad casi cotidiana de propagandista, la que merecería una compilación de la cual podrían echar mano todos sus sucesores actuales y futuros. Allí está todavía la totalidad de sus libros, de los cuales sólo uno se ha reeditado hoy en día. En 1885, él publicó El espiritismo ante la ciencia, que resume su profunda convicción: el espiritismo no es solamente una cuestión de fe, sino una verdadera ciencia, basada en la observación minuciosa y precisa de fenómenos que no pueden explicarse más que por una inteligencia que los provoca para llamar la atención de la humanidad. Delanne es el hombre de los protocolos rigurosos de observación de los fenómenos espíritas. El científico demuestra y aporta las pruebas de la existencia del mundo de los espíritus. En 1896 recogerá esta tesis, bajo una forma Jean Meyer aún más elaborada, en El fenómeno espírita, luego en La evolución anímica en 1897. El material de sus múltiples conferencias y discursos espíritas le llevará finalmente, en 1899, a concentrar su demostración en el gran tema de la reencarnación con El alma es inmortal. Un viaje efectuado fin 1905 a Argel con el Dr. Charles Richet, gran científico él también, lo llevará a observar varios fenómenos espíritas fuera de lo normal, con la médium, Eva Carrière, durante sesiones organizadas en casa del general y la señora Noel. Prologará el libro La Villa del silencio de Paul Bodier y extraerá, sin duda, de esas experiencias fuera de lo común un material suplementario para los dos tomos: Las apariciones de los vivos y de los muertos (tomo 1 en 1900; tomo 2 en 1911). Otra obra muy documentada, dedicada a la mediumnidad (1898), es una auténtica biblia de la comprensión de los fenómenos estudiados por él científicamente, a lo largo de su carrera, donde pudo observar a todos los grandes médiums de su época (Jean Guzik, Rudi Schneider y muchos otros). Desgraciadamente, después de una reedición de 1923, no se han reeditado más actualmente. Su última obra,  Contribución al estudio de la reencarnación, resume
toda su experiencia de científico espírita: la palingenesia no es un mito, sino una realidad conocida desde la noche de los tiempos y fácilmente demostrable. De todos los libros de Delanne, este sigue siendo el más leído, que siempre es reeditado, con un título simplificado La reencarnación. Durante toda su vida, él proclamará el mensaje espírita. He aquí un extracto de la conclusión de su libro El alma es inmortal: “Entonces se revelará en toda su grandeza esta ley evolutiva que nos impulsa hacia destinos cada vez más elevados. Así como el planeta se ha elevado lentamente de la materia bruta a la vida organizada para alcanzar la inteligencia humana, igualmente comprenderemos que nuestro paso por este mundo no es más que un grado en la eterna ascensión. Sabremos que estamos llamados a desarrollarnos siempre y que nuestro planeta sólo representa una etapa en la senda sin fin. El infinito y la eternidad son nuestro entorno. Tan seguramente como es imposible destruir la energía, con la misma seguridad un alma no puede aniquilarse. Sembremos con profusión en todas las inteligencias estas verdades consoladoras que nos abren los maravillosos horizontes del porvenir, mostremos que para todos los seres existe una igualdad absoluta de origen y destino, y entonces veremos cumplirse esta evolución moral y espiritual que debe conducir la era augusta de la regeneración humana por la práctica de la verdadera fraternidad”.
La otra realidad de su vida sigue siendo su infatigable compromiso militante por la causa espírita. Escribirá regularmente en la Revista Espírita de la que rápidamente se convertirá en el animador y gestor. Es él quien recibirá en marzo de 1883 un donativo excepcional de la médium madame d’Espérance que ofrecerá 5.000 francos de la época, una pequeña fortuna, para lanzar la revista El Espiritismo. Gabriel creará igualmente una Revista Científica y Moral de Espiritismo de la cual asume el papel de redactor jefe. Ayuda a la creación de la facultad de ciencias espíritas con Hector Durville en la que dará enseñanza regular todos los martes por la tarde. Desde entonces su reconocimiento traspasará las fronteras; en 1884, es delegado al Congreso Nacional Espírita belga y se dirige a Bruselas. Es nombrado delegado al Congreso Internacional de Londres sobre espiritismo (junio de 1898) y allí produce una relación muy notable sobre las vidas sucesivas. Recordemos que en diciembre de 1882 crea, junto con su padre, la Unión Espírita Francesa, el mismo año en que había aceptado ya la secretaría de la Federación Espírita franco-belga, cuyo presidente es Pierre-Gaëtan Leymarie. En enero de 1885, pone manos a la obra en la creación de la Sociedad Francesa de Estudios de los Fenómenos Psíquicos, de la cual es vicepresidente por treinta años. Por supuesto aceptará rendir homenaje, en todas las circunstancias, a los grandes predecesores desaparecidos: el 31 de marzo de 1880, es él quien pronuncia el homenaje a Allan Kardec, con motivo del aniversario de su muerte, y rendirá un vibrante homenaje a su esposa, Amélie Boudet, durante el funeral de ésta, el 23 de enero de 1883. Será ponente, junto con Léon Denis en las manifestaciones por el quincuagésimo aniversario del espiritismo (diciembre de 1898). Después de la cita fallida de 1900, será un orador infatigable en el Congreso Espírita de Lieja. Regularmente será nombrado siempre delegado al Congreso Espírita y Espiritualista Internacional. Aceptará igualmente cada propuesta de presentación de estructura que le sea hecha: por ejemplo, el puesto de delegado de la Sociedad Fraternal de Lyon (círculo espírita), ayudará a la creación de la Sociedad de Estudios Magnéticos y Espíritas de Alejandría, luego del Círculo Espírita de San Remo, lo mismo que de la Sociedad Allan Kardec de Porto Alegre, en Brasil. Aún tendrá fuerzas para hacer la visita espírita de estudios a Argel en 1905, ya mencionada más arriba. A su regreso, en 1906, necesitará optar por los bastones, luego por las muletas, pero solamente la guerra pondrá fin a sus trabajos oficiales por el espiritismo. Y los retomará a pesar de la ceguera que le llega en 1918. En 1918 crea junto con Jean Meyer el Instituto Metapsíquico Internacional; y sigue siendo un conferencista muy solicitado por la Sociedad Francesa de Estudios de los Fenómenos Psíquicos y muchas otras estructuras más. En 1919 lanza de nuevo la Unión Espírita Francesa, cuya presidencia acepta. A pesar de la ataxia y la ceguera, después de haber concluido su libro sobre la reencarnación, se aplica a un trabajo muy documentado sobre la ideoplastia con Audrey Bourgeois, ingeniero de los rostros de formación. La muerte merodea. La víspera de la partida, todavía le dirá a uno de sus allegados: “Recuerde, mi caro amigo, que Gabriel Delanne no tiene miedo a la muerte”. Toda su vida estará marcada por la fidelidad respecto a Allan Kardec. Este último, decía, “no ha venido traer una religión, no ha desconocido ningún culto; su moral es la de Jesús despojada de toda falsa interpretación pero, de lo que ha dotado a la humanidad, es de una doctrina capaz de responder a todas las objeciones de la incredulidad y a todos los grandes problemas planteados por la razón. En efecto, hasta aquí, no hemos considerado sino el lado moral de la doctrina, pero su estudio más profundizado nos enseña que siguiendo sus enseñanzas, se puede llegar a los más bellos descubrimientos científicos. Si bien es un campo de estudios todavía inexplorado, es el que comprende las relaciones entre el mundo invisible y el nuestro. ¡Cuántos problemas por resolver antes de poder presentar una teoría científica de esas relaciones! Pero vendrá un día en que ellas serán conocidas como fenómenos estudiados científicamente y ya no serán un secreto para nosotros”.